XXIX Jornadas Centrales de la Asociación Española de Abogados de Familia (AEAFA)

Esta semana he tenido la suerte (pues ha habido overbooking y muchos compañeros se han quedado sin dicha posibilidad) de asistir a las XXIX Jornadas Centrales de la Asociación Española de Abogados de Familia (AEAFA) y de poder disfrutar y compartir, con compañeros de especialidad, de unas ponencias interesantísimas.

Gracias a éstas he podido recordar principios inspiradores de esta rama del Derecho y la importancia que en ella tiene la finalidad de tratar de humanizar el proceso y emprender negociaciones integrativas en las que tratemos de defender a nuestros clientes esforzándonos en entender al contrario –no legitimándolo, pero sí entendiéndolo (ya que a veces pretende obtener objetivos tan honestos como los de nuestros clientes)–. Por ello, el máximo triunfo lo obtenemos cuando nuestro cliente ve satisfechos sus intereses y calmados sus miedos dando satisfacción, a su vez, a los intereses del otro.

Entre compañeros compartimos la preocupación por la intromisión en esta rama de jueces y compañeros no especializados con los que se hace difícil compartir dichos principios. Los primeros, tan sólo pretenden evitar tener que celebrar un juicio y redactar una sentencia. Los segundos, negocian pretendiendo únicamente imponer sus propuestas (guarda exclusiva a favor de uno u otro progenitor, usos exclusivos del domicilio familiar, etc.), olvidando para qué las quieren, si podemos suavizarlas, y lo que es más importante, dejando al margen las consecuencias funestas de no llegar a acuerdos y, lo que es más grave, sin ser conscientes de que lo que exigen en vía negocial jamás lo van a conseguir en los tribunales y puede provocar gran sufrimiento a toda la familia.

Destaco el discurso inaugural de nuestra compañera Mariló Lozano, en su calidad de Presidenta de la Asociación, a la que hoy felicito y aplaudo, en el que afirmó con rotundidad que la mercantilización que estamos viviendo en el mundo del Derecho no puede ser equivalente a precarizar nuestra profesión, lo que vemos frecuentemente cuando se ofrecen divorcios por 100 euros en internet. #AEAFA22 La fuerza de la Abogacía de #Familia.

Por último, me gustaría compartir con vosotros las preocupantes conclusiones que compartimos jueces y abogados especializados en la rama matrimonial del Derecho, que fueron expuestas con maestría y acierto por Dª. Margarita Pérez-Salazar, Magistrada del Juzgado de Primera Instancia nº 10 de Pamplona, en su Ponencia “Últimas reformas legales de familia en las medidas de guarda, estancias, comunicaciones y atribución del derecho de uso de la vivienda familiar” y que de forma especial comparto.

Analizó las reformas introducidas en la L.O. 8/2021 y la Ley 8/2021 en nuestras leyes civiles y procesales, estatales y autonómicas, –que afectan particularmente a las medidas de guarda y relación de los hijos con sus progenitores separados– y dejó en evidencia que no sólo son extremas e injustificadas, repletas de omisiones e incongruencias, sino que además no aportan absolutamente nada respecto a la posibilidad de trabajar mejor los conflictos familiares. La razón: que se limitan a imponer restricciones de forma genérica sin la intervención de profesionales especializados, llegando a afirmar que el riesgo que se deriva de la suspensión automática (¡sí, automática!) y de forma indiscriminada de las estancias, visitas y comunicaciones de un progenitor con sus hijos, puede producir “un efecto adverso y es que se incremente la frustración y la rabia en el progenitor que se ve privado de sus hijos y ello puede ser un germen de nuevos y más graves episodios de violencia.”

En definitiva, no creo que todas estas reformas nos ayuden en nuestra labor profesional, ni ayuden a las víctimas de maltrato, pues las leyes olvidan y no diferencian aquellos casos que llegan a los Tribunales por denuncias interpuestas por conflictos surgidos en el seno familiar en el preciso momento de la ruptura (cuando sí intentaban hacerlo los Tribunales).

Ahora debe darse el mismo trato jurídico a los supuestos de un maltrato continuado que a episodios aislados que se producen en un entorno de ruptura. En mi humilde opinión, esto es una barbaridad, pues no pueden interrumpirse totalmente las visitas y comunicaciones con un progenitor por la existencia (que no condena) de un proceso penal por violencia intrafamiliar y/o de género, cuando éste puede tener como origen un hecho aislado –por ejemplo, un insulto– que si bien es una conducta inapropiada y reprochable, puede incluso terminar en una absolución.

 

XXIX Jornadas Centrales de la Asociación Española de Abogados de Familia (AEAFA)

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